Qué las define
No es su tema ni su nombre. Una misma métrica puede ser útil en un contexto y de vanidad en otro. Lo que las define son tres propiedades que aparecen juntas.
Crecen casi siempre. Son acumulativas o dependen del volumen de distribución, de modo que la dirección natural del movimiento es hacia arriba.
Son grandes. El tamaño produce un efecto de importancia que ninguna cifra pequeña consigue, con independencia de lo que describa.
No sostienen ninguna decisión. Esta es la propiedad definitoria. Si nadie hace nada distinto según cómo se muevan, no informan, aunque sean exactas.
La prueba práctica es preguntar a quien recibe el informe qué haría si esa cifra fuera la mitad. Si la respuesta es nada distinto, la fila es de vanidad.
Cifra de un panel que crece casi siempre, cuyo tamaño produce impresión de importancia y con la que no se toma ninguna decisión.
No es una categoría del tema ni del nombre de la métrica. La misma cifra puede ser útil en un contexto y de vanidad en otro. No se identifica por su definición sino por su uso.
Para clasificarla como tal tendría que ser cierto que nadie hace nada distinto según cómo se mueva, lo que se comprueba preguntando a quien recibe el informe qué haría si fuera la mitad.
Las funciones que cumplen
Sería cómodo atribuir su persistencia a la ignorancia. La explicación no se sostiene, porque casi todo el mundo que trabaja con ellas sabe lo que valen. Cumplen funciones reales.
Justifican presupuesto. Una cifra que crece sostiene la petición del año siguiente mejor que un análisis matizado. La organización premia el crecimiento visible.
Permiten informar cuando no hay nada que informar. Hay periodos en los que el trabajo va bien y no hay resultado que enseñar. Una métrica acumulativa llena ese espacio.
Evitan conversaciones difíciles. Mientras la cifra grande suba, no hace falta explicar que no se sabe si la inversión funciona.
Dan un lenguaje común. Todo el mundo entiende un número de reproducciones. Los conceptos de esta publicación exigen explicación previa.
Reconocer estas funciones es lo que permite retirarlas, porque una función que no se sustituye vuelve por otra vía.
| Función que cumple | Sustituto |
|---|---|
| Justificar presupuesto | Serie relativa a la línea base |
| Informar cuando no hay resultado | Cifras de ejecución verificables |
| Evitar la conversación difícil | Propuesta de estudio con coste y plazo |
| Dar lenguaje común | Un glosario corto y estable en el propio informe |
Ordenación de definiciones, no de resultados. Ninguna celda contiene una cifra, porque este cuadro clasifica lo que cada término designa.
Cómo se retira una
Un procedimiento en cuatro pasos que evita la resistencia previsible.
Uno: identificar la función. Preguntar para qué se usa realmente esa cifra. La respuesta rara vez es analítica.
Dos: proponer un sustituto que cumpla esa función. Si sirve para justificar presupuesto, hace falta otra cosa que lo justifique, por ejemplo una serie de línea base que muestre estabilidad o mejora relativa.
Tres: convivencia temporal. Publicar ambas durante un par de trimestres, para que quien decide se acostumbre al sustituto sin sentir que pierde información.
Cuatro: retirada con nota. Retirarla explicando por qué, en una línea, dentro del propio documento.
Saltarse el segundo paso es el error habitual y explica por qué las campañas de limpieza de indicadores fracasan casi siempre.
- El valor de la cifra y su evolución
- Las decisiones que se han tomado con ella, si se pregunta
- La función organizativa que cumple
- Que una cifra acumulativa crece por construcción
- Que el tamaño produce impresión de importancia con independencia del contenido
- Que retirarla sin sustituir su función provoca que vuelva
- Que una cifra grande demuestra que el trabajo funciona
- Que retirar métricas mejora por sí solo la calidad de las decisiones
- Que quien defiende una métrica de vanidad no sabe lo que vale
El tercer punto de la derecha es un error de diagnóstico frecuente entre quienes miden: casi todo el mundo sabe lo que vale esa cifra y la mantiene por otras razones.
Sustitutos que funcionan
Hay tres tipos de fila que cumplen las funciones anteriores sin las propiedades de la vanidad.
Cifras de ejecución. Cuántas piezas se publicaron, con qué frecuencia, cuántas cumplieron las especificaciones acordadas. Son verificables, sostienen decisiones operativas y no fingen medir resultado.
Series relativas a la línea base. Cómo se comporta la cuenta respecto a su propio comportamiento habitual. Responden a la pregunta de si va mejor sin necesidad de referencias externas.
Indicadores de calidad del propio dato. Qué proporción de las filas del panel tienen su definición comprobada este trimestre, cuántos enlaces publicados llevaban etiquetado correcto. Suenan burocráticos y mejoran todo lo demás.
El riesgo de la cruzada
Conviene una advertencia final. Quien se dedica a señalar métricas de vanidad en cada reunión acaba siendo la persona que dice que nada se puede saber, y esa reputación destruye su capacidad de influir.
El criterio práctico es elegir las batallas por su coste: retirar las cifras sobre las que se toman decisiones equivocadas y dejar en paz las que decoran sin hacer daño. No todas las métricas inútiles son peligrosas, y el tiempo de quien mide es limitado.
Lo que conviene llevarse
Una métrica de vanidad crece casi siempre, es grande y no sostiene ninguna decisión. La prueba es preguntar qué se haría distinto si fuera la mitad.
Sobreviven porque cumplen funciones organizativas reales. Retirarlas exige sustituir la función, no sólo denunciar la cifra, y conviene concentrarse en las que producen decisiones equivocadas.
