Qué hace exactamente un grupo de control
Un grupo de control no es una segunda muestra: es un sustituto de lo que habría pasado sin la intervención. Su función es representar el escenario alternativo que no ocurre.
De ahí sale el único criterio de calidad que importa: hasta qué punto el grupo de control se parece a lo que le habría pasado al grupo tratado si no se le hubiera tratado. Todo lo demás son detalles de ejecución.
La asignación aleatoria resuelve ese criterio de una forma elegante: si la asignación es al azar y hay volumen suficiente, los grupos se parecen en todo, incluidas las características que nadie ha medido ni ha pensado en medir. Es la única técnica que ofrece esa garantía.
Conjunto comparable que no recibe la intervención y cuyo comportamiento se emplea como estimación de lo que habría ocurrido sin ella.
No es una segunda muestra del mismo tratamiento. No es válido si no era comparable antes de empezar. No sirve si hubo contaminación entre grupos ni si el criterio de selección está relacionado con el resultado.
Para que sustituya al escenario alternativo tendría que ser cierto que ambos grupos se habrían comportado de forma paralela sin la intervención, lo que se comprueba con el histórico previo y nunca se puede demostrar del todo.
Cuando no se puede asignar al azar
En vídeo vertical la asignación aleatoria está disponible de forma limitada, de modo que casi siempre se trabaja con controles imperfectos. Hay tres que se usan y conviene conocer sus condiciones.
Control geográfico. Zonas que reciben la intervención frente a zonas que no. La condición previa es que las zonas se hayan comportado de forma paralela antes de empezar, lo que se comprueba mirando el histórico de ambas. Si antes no eran paralelas, la comparación después no significa nada.
Control temporal. Un periodo con intervención frente a otro sin ella. Es el más débil porque entre ambos cambia todo lo demás. Sólo es aceptable cuando el efecto esperado es grande y el periodo corto.
Control por segmento no expuesto. Personas que, por alguna razón ajena a la intervención, no la recibieron. El riesgo aquí es que la razón por la que no la recibieron esté relacionada con el resultado, en cuyo caso el control no es válido.
Qué invalida un grupo de control
Cuatro cosas, y todas se pueden comprobar antes de empezar.
Falta de paralelismo previo. Si las series de los dos grupos no se movían igual antes de la intervención, no hay razón para esperar que lo hubieran hecho después. Es la comprobación más importante y la que más se omite.
Contaminación. Si el grupo de control se entera igualmente, la diferencia se diluye. En canales sociales esto es especialmente probable, porque las personas hablan entre ellas.
Selección relacionada con el resultado. Si el criterio por el que alguien quedó fuera está vinculado a la variable que se mide, el control está sesgado desde el principio.
Intervenciones simultáneas. Si durante el periodo se hace otra cosa que afecta sólo a uno de los grupos, la diferencia observada mezcla ambas.
| Tipo | Condición previa | Riesgo principal |
|---|---|---|
| Asignación aleatoria | Volumen suficiente | Disponibilidad limitada |
| Geográfico | Paralelismo histórico entre zonas | Contaminación entre zonas próximas |
| Temporal | Efecto grande y periodo corto | Cambia todo lo demás entre periodos |
| Segmento no expuesto | Selección ajena al resultado | Sesgo por el motivo de la exclusión |
Ordenación de definiciones, no de resultados. Ninguna celda contiene una cifra, porque este cuadro clasifica lo que cada término designa.
- El comportamiento histórico de ambos grupos antes de empezar
- La regla exacta con la que se asignó cada unidad
- Las intervenciones simultáneas registradas en el periodo
- Que un paralelismo previo sostenido hace plausible la comparación posterior
- Que la contaminación reduce la diferencia observada
- Que un control demasiado pequeño no permitirá concluir
- Que cualquier grupo sin exposición sirve como control
- Que un ajuste posterior corrige la falta de comparabilidad previa
- Que un resultado no concluyente demuestra ausencia de efecto
El tercer punto de la derecha es el error de lectura más frecuente cuando un estudio no concluye.
El coste de tener un grupo de control
Un grupo de control implica renunciar a exponer a una parte del público, y esa renuncia tiene un coste real que hay que poner sobre la mesa antes de discutir el diseño.
El argumento a favor no es metodológico sino económico: sin control no se sabe si la inversión hace algo, de modo que el coste de renunciar a una parte de la exposición durante un periodo acotado se compara con el de mantener una inversión indefinida cuyo efecto se desconoce.
Presentado así, la discusión deja de ser entre rigor y resultados y pasa a ser entre dos costes. Es una conversación mucho más fácil de tener con quien decide el presupuesto.
Cuánto grupo de control hace falta
No hay una proporción universal y sí un criterio: el suficiente para que la diferencia esperada se pueda distinguir de la variación natural. Ese cálculo depende del tamaño del efecto que se busca y de la variabilidad de la medida, y se trata en potencia estadística y las pruebas que no la tienen.
Lo que sí se puede afirmar es que un grupo de control demasiado pequeño no aporta nada: la comparación no distinguirá el efecto y se habrá renunciado a exposición a cambio de un resultado no concluyente. Es peor que no hacer el estudio, porque además consume la credibilidad del método.
Lo que conviene llevarse
Un grupo de control representa lo que habría pasado sin la intervención, y su calidad depende de la equivalencia previa. La asignación aleatoria es la única técnica que la garantiza.
Sin ella se puede trabajar con controles geográficos o temporales, comprobando siempre el paralelismo anterior. Y un control demasiado pequeño es peor que ninguno, porque cuesta exposición y no concluye.
